Sale de su casa, como cualquier día normal. No sabe que su vida empieza a partir de hoy.
Describámoslo, en todo caso si se pudiera hacer.
Marcos es un chico de no se sabe que edad, unos dicen que tiene los 30 y otros que no ha pasado de los 20, alto, de cabello marrón, con ojos claros por la noche pero intensos por el día. Viste siempre de negro (hasta en sus partes íntimas) y nunca ha conocido el amor (o piensa que para él, no existe). Su cara emite temperamento pero a la vez confianza. Su sonrisa hace que las mujeres de su calle se desmayen. Y sus manos tiemblan por constante por el miedo a su propio secreto.
Consigo siempre lleva un par de lápices y una libreta, dónde apunta en cada ocasión que le surge sus más personales sentimientos, es decir, se expresa en el papel.
Es un chico conocido pero si preguntas por él nadie sabe de su vida.
Es misterioso.
Guapo.
Es diferente.
Como iba diciendo. Marcos sale de su casa (un piso de dos personas) en un día espléndido, como a él le encantan. Camina con paso firme pero nunca perdiendo detalle de lo que pasa alrededor. Escucha perfectamente un beso entre dos enamorados al final de la calle, también oye los buenos días de compromiso entre vecinos, percibe el calor que está sufriendo la mujer de enfrente de su casa al estar tendiendo la ropa en el balcón, y como olvidarlo, el olor del perfume de la chica tan preciosa que acaba de pasar. Marcos se dirige hacia el parque Monceau, para escribir, para contarle a su mejor amigo esas sensaciones tan maravillosas. Como cada sábado se sienta, abre el cuaderno y comienza a escribir.... pero (y como iba a faltar un pero) no escribe; se ha quedado mirando hacia delante, al otro lado del lago del gran parque Monceau. Qué silueta. Marcos cierra los ojos y espira hondo, mmmm sí, huele su champú desde allí, y siente la suavidad de sus manos. Se evade de toda realidad para situarse a su lado, en el mismo banco con la misma luz del sol. Se imagina como sus ojos se le clavan en la piel, prometéindole un nunca jamás tan sabroso... Vuelve a la tierra, a París, a ese parque, a ese lago y le ve de nuevo para poder seguir fantaseando. Y digo fantaseando por que Marcos sabe que él es raro, que ha nacido con un problema por que es un hombre (el mismos de enfrente del lago) el que le gustaría que le acariciase y le rompiera los labios y le dijera palabras bonitas aunque estuvieran vacías.
De repente vuelve a abrir los ojos y no está. Se esfumó. Y enseguida se pone a escribir, como loco, con delicadeza para seguir con lo ídilico.
-Buenas tarde monsieur.
Unos cristales rompiéndose suenan en la cabeza de Marcos. Efectivamente su hombre estaba detrás.
-Ehhh, buenas tardes señor.
-Perdone que le interrumpa su trabajosa tarea pero querría saber si le gustaría escribir sobre mi y sobre usted, vamos que tonto, en conjunto sobre nosotros.
Marcos siente como el corazón se le para.
-Perdone muy bien si le importuno pero no entiendo lo que quiere decir con "escribir sobre nosotros".
-Está claro mmmmm...
-Marcos, soy Marcos.
-Ah encantado Marcos, yo soy la persona de tu vida, Benoit. Por favor comencemos.
Le agarra de la mano, a Marcos se le cae su lápiz (menos mal que lleva otro) y comienzan a andar hacia ninguna parte.
-Como te decía ángel de amor, nuestra historia comienza en Monceau, un sábado 18 de mayo de 1890. Entiendo tu sorpresa pero sí tu has sentido la misma hostia que he sentido yo cuando te he visto, es que el destino existe, tú eres para mí y yo simplemente nací siendo tuyo.
Altair.
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