Sigo odiando el olor a cerveza, el sonidito de los semáforos cuando la calle está desierta, el tic tac del reloj de cuco del salón de mi abuela por las noches, las risas forzadas, la morriña por mis montañas, que siento, cuando vuelvo a Madrid... Odio despertarme sabiendo que no vas a estar a mi lado cuando abra los ojos. En cambio, sigo chiflada por las fresitas de chuchería, sigo sin poder remediar un escalofrío cada vez que me tumbo en el capo del coche a ver las estrellas. Sigo cantando en la ducha, haciendo fotografías por doquier. Sigo prefiriendo lo dulce a lo salado, y las matemáticas siguen sin ser mi fuerte... Al fin y al cabo no he cambiado tanto como parece.
Pero yo me noto cambiada, mis palabras ya no son capaces de explicarse por si solas, no me trasmiten eso que me hacia sumergirme en lo más profundo de mi, ya no deliro con ideas de grandeza, ni espero de la vida algo profundo, me siento aprisionada en una cárcel de cicatrices y heridas tan graves que cosieron demasiado deprisa como para que curaran bien. Demasiadas historias olvidadas en un cuardeno que no sé muy bien donde dejé, ni si quiera recuerdo si llegó a existir, sólo sé que una parte de mí habitaba en él... tantos momentos encerrados en mis venas, mezclados con la sangre, para no olvidarlos nunca. Hoy me propongo a mi misma encontrarme, sumergirme en mi reflejo y abordar los pensamientos mejor enterrados de mi mente, los recuerdos que no quise superar en su momento, el odio afligido que vive en mi almohada empapada de sudores frios, suplicarme a mi misma una tregua, dejarme respirar sin límite de tiempo, poder vivir sin atarme a algo que ya no tiene sentido ninguno. Para poder aferrarme a lo que de verdad merece la pena.
Sugiero un tiempo muerto, tiempo para que mis retinas borren las imágenes grabadas en el fondo de mi mirada, y para que el nudo en la garganta se deshaga de una vez por todas, y me deje respirar bien hondo; para después de vencida, vencer sobre mi misma.
Aristóteles: "Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo."
Vega.
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