Que me vista, por lo pies. Que me desayune. Un hombre al que no haga falta mentirle. Que me ensucie y no tenga miedo de ponerme del revés.
— May (@doucesouffrance) octubre 14, 2014
Un vestido carece totalmente de sentido, salvo el de inspirar a los hombres el deseo de quitártelo.
— May (@doucesouffrance) agosto 26, 2014
domingo, 10 de marzo de 2013
Es ella, ahí viene.
Ella sigue aquí, me susurra al oído en los sueños, grita cuando los demás callan, me hunde en la paranoia, te ahoga, me ahoga.
Me siento como si tuviese doble personalidad, como si el vaiven de mis sentimientos me cerrara la capacidad de echarla. Ries, lloras, gritas... Pero no se va.
¿Sabes?
Quiero hacer las cosas de manera correcta, pero ella ya no conoce el control, sus dedos oscuros me agarran el corazón implantándolo en la cabeza y pudriéndome el cerebro...
Me hace dudar, escuchar a la gente, creerla y abrir la boca como solo una inepta haría. Me roba el orgullo y lo esconde en lugares estratégicos de mi cuerpo para que aparezca en el peor momento posible. Lo psicoanaliza todo de manera instantánea, los gestos, las palabras, haciéndome errar.
Sueño con ella a veces, me mata mientras duermo, encuentra mi neurosis y la dibuja con colores cálidos sobre mis gestos.
La dibujo de vez en cuando sin llegar a captar su alma.
Me encuentra, me atrapa.
Deneb.
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